
Caía la noche buena de 1906 y Reginald Aubrey Fessenden ya estaba listo para cambiar el mundo. Luego de unas cuantas demostraciones en días precedentes, desde Brant Rock Station, Massachusetts, Fessenden realiza la primera radiodifusión con al menos pretendidos fines de entretenimiento. El evento consistía en un programa de audio que incluía un saludo navideño, la ejecución en violín de O Holy Night por el mismo Fessenden y la lectura del capítulo segundo del evangelio según Lucas.
Posiblemente ninguno de los que asistieron a esa primera cita radial, hace más de cien años, se percató del nacimiento del que había sido partícipe. Esa navidad no traía consigo únicamente la evocación de la llegada al mundo del hijo del Dios occidental, sino que desde una estación radial nacía un nuevo ídolo que habría de revolucionar los medios de comunicación y contribuir en el desarrollo todavía insipiente de la cultura de masas. Esa noche, fueron dos los que acostamos en el pesebre.
No obstante, no será sino hasta el 27 de agosto de 1920 que desde la terraza del Teatro Coliseo de Buenos Aires se realiza la primera radiodifusión con un horario regular de transmisión. Las primeras notas de las que habrán de gozar los radioescuchas porteños habrán de ser las del Parsifal de Richard Wagner a cargo de la Soprano argentina Sara César.
Ya la radio había tenido un uso fundamental en la primera guerra mundial y su eficacia para la transmisión de información iba en aumento. De modo que no tardó mucho para que entretenimiento e información se fusionaran de manera armónica.
De más está hablar del desarrollo de la radio, de las luchas jurídicas por las patentes, el despliegue de la música, las histerias colectivas, los años de oro, los desenmascaramientos, el vínculo con el teléfono, las denuncias, los programas concursos, la publicidad, las estructuras, los formatos, la televisión, la enfermedad, los derechos de autor, el Internet, su aparente muerte…
No necesitamos hacer un recuento cronológico de los vericuetos de la radio. Lo que sí es necesario aclarar es todo aquello que se vincula con la falsa creencia en torno a su muerte en manos de la pantalla.
Sin haber nunca desaparecido, la radio dejó de tener la preponderancia comunicativa que alguna vez tuvo. La cotidianeidad de la televisión y el crecimiento desaforado del Internet, por no hablar acerca de los discos compactos y la posterior aparición de los ipods, iphones, etc., poco a poco fueron desplazando a la radio que se vio obligada a vivir convaleciendo. Sin embargo, ¿qué tuvo que ocurrir para que en 1993 (época digitalmente temprana) se creara la primera radio por Internet? Los motivos obvios son todos aquellos que se relacionan, de manera no menos obvia, con la globalización: la posibilidad de acceder a estaciones de cualquier parte del mundo, lo cual hace de las radios por Internet un servicio popular para los que migran al extranjero y para la gente que cuenta con intereses demasiado diversos o específicos como para que sean adecuadamente provistos por una de las franquicias locales de las monopólicas cadenas radiofónicas. No obstante, sin duda los motivos son aún mayores y responden a cuestiones más problemáticas.
En 1995 surge Radio HK, la primera radio por Internet a tiempo completo. Su programación estaba enfocada en transmitir música de bandas independientes. La música comercial había terminado por apoderarse de las disqueras y del territorio radial y televisivo, de modo que se hacía imperante la existencia de espacios para aquellos cuyos gustos se empezaban ya a diferenciar de los de la mayoría o, simplemente, para los que no les era posible hacerse y/o asumir un contrato discográfico y sus exigencias.
Por otro lado, la web, de muy distintas maneras, empezaba ya a convertirse en aquel espacio democratizado de libre-cambio de información, al cual ni las constantes revisiones y restricciones a las que eran sometidos los derechos de autor podían aplacar. Sin embargo, estas cuestiones parecieran contribuir a que la radio terminase de morir. No obstante, ¿cuál es la situación actual de las radios en la web? y ¿por qué es que consideramos que una radio resulta de un valor inestimable para los tiempos que corren?
Sin duda las radios continúan en un proceso de convalecencia o sobreviven por alguna forma de la nostalgia o por la insuficiencia de recursos de un gran sector de la población (mayor en los países del tercer mundo, “pero que no importan tanto al final de cuentas”) para la adquisición de medios que terminen de sepultarla. Pero qué sucede actualmente como para postular que se hace imperioso el renacimiento de la radio. Resulta totalmente significativo que Venezuela, país con dificultades correspondientes a la libertad de prensa, sea el país latinoamericano que cuenta con mayor cantidad de radios en la web. No obstante, este dato corresponde a cuestiones más bien de contenido antes que de forma, siendo, actualmente, la forma lo que prima en la transmisión del mensaje.
¿Qué hace, formalmente, necesaria a la radio? La contemporaneidad nos ha llevado a sucumbir ante las pantallas. Lo audiovisual impera; no obstante, de tal cópula es lo visual lo que tiene preponderancia; es decir, el audio termina teniendo un carácter más bien accesorio, ya que es la imagen en la pantalla lo que termina por hechizarnos. Sin embargo, las posibilidades a las que nos ha llevado el computador ha transformado enormemente la relación con la pantalla. Ya no sucumbimos a una sola sucesión de imágenes como en la pantalla televisiva, sino que el computador tiene la posibilidad de abrir innumerables secuencias de imágenes paralelas y distintas entre sí a través de una única pantalla. Todo parece indicar que cada vez se hace más necesaria la emisión constante del mensaje, pero dada la concentración que comprende el mensaje audiovisual, su transmisión implica la negación de otra forma de mensaje y de cualquier acción que merme la recepción de un mensaje construido pensándose en la potencia de la imagen.
Cada vez se hace más necesaria, al menos como posibilidad, la emisión constante del mensaje; por ello, lo audiovisual se enfrenta ante su fracaso, ya que o bien aniquila lentamente la experiencia (hasta tenernos aún más horas de cara al computador) o se transmite con grandes sesgos (ahí, precisamente, el éxito de la mensajería instantánea vía Internet móvil). De esta forma, la radio se presenta como el medio capaz de mantener un mensaje constante y, además, antes bien ambiental (el audio envuelve) que centralizado (al modo de la pantalla). Asimismo, no es el ruido un elemento secundario del hecho social como se ha creído por mucho tiempo, sino que es un elemento constitutivo del mismo y su adecuada repartición es susceptible de generar cambios inmediatos y contundentes en nuestro horizonte experiencial. No obstante, a estas bondades puede acceder cualquier radio tradicional y la propuesta no es alejarnos de las pantallas o, mejor dicho, en el fondo, de la web.
Lo que se pretende es señalar cómo es que dentro de un soporte como el que se nos presenta en la actualidad a través del computador (o celular) y el Internet, el cultivo consciente de la radio resulta fundamental para el desarrollo en el intercambio y transmisión de la información de modo cada vez más imparcial, completo, transformador y libre, teniendo siempre en claro que ésta habrá de ser solo un recurso más y que el juego de la comunicación se halla en explotar todas las formas que el soporte digital nos permita.
Así nace radiobló. Mucho gusto. Todos los espacios a su disposición.

Escrito en Metablogueo